miércoles, 28 de diciembre de 2011

Aquella mañana fría de invierno, tras levantarse, Maria pensó que ya nada podía empeorar, cada decisión que tomaba envolvía todo en una oscuridad lúgubre.

Aun le venia a la memoria las amenazas de aquella mujer como si de una bocanada de gas maloliente se tratara.

No podía ser mas dura con las acusaciones que le lanzo. -Quien se pensaba que era para humillarla de esa manera. Pensó mientras soplaba aquel café tan caliente.

Quizás era el momento de marcharse, de alejarse de una vez por todas sin que nadie pudiera volver a hacerla daño. Sin que cada decisión que tomaba fuera una excusa para reprochar todo los que no merecía. Tal vez su amiga Sara tenía razón, que lo mejor era olvidar el olvido.

Sara era su amiga desde la infancia, apenas levantaban ambas dos palmos del suelo cuando se conocieron en la guardería. Sara era de familia del norte de España, de ojos negros rasgados, de piel pálida salpicada por unas pecas en los mofletes que le daban un aspecto algo más infantil de la edad que realmente tenia. Sara era una de las mejores amigas, siempre había estado ahí, en los peores momentos y en los mejores.

Maria ojeo las últimas hojas del periódico buscando el horóscopo y se dio cuenta que por algún motivo el horóscopo no estaba. -¿Por qué no esta?. Se pregunto algo desconcertada. –Quizás ya no tendré mas futuro. Balbuceo con sarcasmo.


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